Tratamiento
Las cicatrices hipertróficas o queloides tienen un color rojizo por su componente vascular sobreabundante. Por este motivo, se tratan con láseres vasculares.
El tratameinto consiste en aplicar un láser o un pulso de luz, que atraviesa la piel del paciente y se transforma en calor al ser absorbido por la hemoglobina de los vasos que perpetúan la cicatriz. El calor coagula los vasos y facilita su eliminación.
Este tipo de tratamiento, conocido como fototermólisis selectiva, reduce progresivamente el tamaño de las cicatrices y disminuye los picores u otras molestias desde la primera sesión, sin dañar los tejidos circundantes.
El número de sesiones dependerá del calibre de los vasos y de la profundidad a la que estén situados, pero los resultados empiezan a notarse desde la primera: algunos días después se comienza a reducir el tamaño de la cicatriz de manera progresiva y constante.
El tratamiento no es doloroso, pero si al paciente siente molestias se pueden amortiguar con anestesia tópica.
Las cicatrices atróficas presentan decoloración y depresión de la piel porque las fibras de colágeno de la dermis están dañadas. Por este motivo se tratan con láseres ablativos.
El tratamiento consiste en eliminar esta capa de la piel a nivel superficial o profundo, en función de la profundidad de la cicatriz.
Una vez eliminada, la piel se vuelve a formar, con lo que se reestructuran las fibras de colágeno. De este modo, disminuye la profundidad y anchura de la cicatriz y mejora la textura del área tratada.
Al final del tratamiento, en caso de haya quedado algún surco o relieve en una cicatriz profunda, se pueden aplicar infiltraciones puntuales para rellenar el hueco y unificar la superficie de la piel.
Antes
Después